Gerona, más que una Costa


Reportajes / Monday, May 6th, 2013

Orgullosas montañas que se vierten hacia el mar en agrestes acantilados. Esquí en las alturas golf en los valles; buenos caldos en la mesa y una cocina que hace honor a su paisaje. La Costa Brava ha sabido adaptarse a los nuevos gustos turísticos, explotando su paisaje sostenible al máximo. Huyendo de esa tradición de siglos de zona de paso, la Costa Brava es para quedarse y disfrutar.

Ferrán Agulló acuñó el término ‘Costa Brava’ para una franja de 214 kilómetros que se extiende por las comarcas catalanas del Alto Ampurdán, Bajo Ampurdán y La Selva, en la provincia de Gerona. Este escritor, político y empresario usó esta expresión periodística para describir el paisaje agreste y escarpado que caracteriza a esta zona costera, que parece arrancada de cuajo de su nexo europeo.  No podría imaginar este hijo de confitero, allá por 1908, que esta Costa bravía iba a convertirse en la puerta de entrada del turismo europeo, que ya en 1930 alternaba con pescadores y agricultores.

En la actualidad, el recuerdo de aquellos hombres y mujeres del mar y la tierra, pioneros en muchas aventuras trasatlánticas, reposan en las vitrinas del Museo de Mar de Lloret que cuenta de manera virtual su historia y sus costumbres.

Lloret de Mar puede ser un buen punto de partida para conocer parte de esta Costa, la de verdad, la que huye de “los pulseras de todo a 100” que se empeñan en el “balconing” cuando tienen a sus pies un auténtico balcón al Mediterráneo, y esculpido de forma natural: Cala Banys. Obviando las banderas independentistas que tapizan los balcones del Ayuntamiento, y mirando más allá como hicieran sus gentes en el pasado, uno descubre en este recóndito paraje un entrañable refugio en el Bar Cala Banys. Con un daiquiri en las manos, la suave cadencia de las olas y una guajira de fondo, los relatos de Ana Rosa, casi medio siglo tras la barra, son capaces de trasladarte a La Floridita, y explicarte con salero que “el primo del suegro de mi tío inventó el daiquiri”. Y es que fue uno de aquellos indianos, Constantino Ribalaigua Vert quien compró en 1918 La Floridita (cuando él entró a trabajar cuatro años antes era La Piña de Plata) y le puso nombre y arte a la eficaz bebida de los marineros con la que pretendían sobrevivir al escorbuto. Y aquí se elabora y se sirve como antaño.

Si el bullicio no nos llama, la localidad de Begur es el sitio ideal para perderse. Sólo 45 kilómetros lo separa del aeropuerto de Gerona, pero en cuanto uno traspasa el umbral empedrado y nos envuelve la silueta del castillo medieval que preside el municipio ya se sabe que hay mucha historia detrás de cada casa, de cada muro. He de reconocer que me dejó boquiabierta las vistas desde el Hotel Aiguablava, difícil de pronunciar tras probar los estupendos caldos de la Bodega Mas Oller, todo tradición y recuperación artesanal de un ancestro viñedo que aún tiene mucho que decir y tanto que enseñar a los más distinguidos. Y porque no me dejan hablar de las aceitunas que amenizan el aperitivo: lástima que no las comercialicen… de momento.

No hace falta bajar a la playa para respirar esos aires de piratas, intrépidos navegantes y coraleros, porque los andares corsarios salen solos al asomarse al balcón del hotel. Asegúrate de encargar también la luna llena.

Cuesta volver a la realidad, pero hoy hemos venido a jugar al golf. Y aún me queda el recuerdo de Sir Nick Faldode que aquí se encuentra uno de los recorridos que, junto a Valderrama, a él más le gustaban para albergar una Copa Ryder; el Club de Golf d’Aro – Mas Nou.

13 campos de golf hay en la Costa Brava y otros tantos PitchandPutt, golf en su versión más manejable, para dar gusto a todos los niveles, todos los hándicaps y toda la familia, aunque en esta ocasión yo destacaría el Golf d’AroGolf Playa de Pals y PGA de Cataluña, y el P&P Papalús, no olvidemos que en esta modalidad de juego Cataluña es líder en licencias con más 15.000 federados.

Cocina y golf en uno
Cualquiera de estos tres clubes reporta una difícil elección tanto por sus magníficos recorridos golfísticos como por sus avenidas culinarias. Aunque las fechas mandan, y el 17 de junio  hay que estar en el Club de Golf d’Aro – Mas Nou que acoge una nueva edición de las jornadas de Cuina y Golf, dos placeres unidos de la mano.

Que no te asuste la subida hasta la Casa Club tipo puerto de montaña que el campo no es para nada un rompepiernas. Muy al contrario, el diseño de Ramón Espinosa está realizado suavizando las pendientes sin quitarle esplendor a la espectaculares vistas, sobre todo desde el Tee del hoyo 15 (300 metros sobre el nivel del mar al pie de las montañas de Les Gavarres), desde donde se controla todo el complejo, con vistas al mar desde el cabo de Begur hasta Tossa de Mar. Es un hoyo muy espectacular por su Tee en alto. Un gran lago defiende la caída de la bola desde el Tee. La diversidad de sus hoyos hace que sea muy ameno y a la vez exige al golfista, que le demanda una gran precisión, sobre todo al colocar la bola desde el Tee de salida. Los greenes, en su mayoría, son bastante grandes y rápidos.

Contrasta con el recorrido de Golf Platja de Pals (Par 73), más británico y rodeado de árboles, está considerado como uno de los 100 Mejores Campos de Europa según el Golf World Magazine. Es el campo más antiguo de la Costa Brava (1966) y eso se nota en el espeso boque de delinea algunas calles, por fortuna lo suficientemente amplias para no desesperar. Greenes elevados, casi siempre defendidos por búnkeres, y pese a su nobleza en general, algunas sutiles caídas pueden llevar a engaño. Los primeros hoyos se encuentran rodeados de pinos y búnkeres estratégicamente colocados en calles y rodeando greenes, lo que requiere unos segundos golpes muy precisos; a partir del hoyo 13, los greenes se ensanchan y las calles se alargan.

Y por fin llegamos a la Joya de la Corona, el PGA Catalunya Resort, el primero de España, el tercero de Europa Continental y el número 98 del Ránking Mundial. Angel Gallardo, gran profesional español y miembro del Consejo de Administración de PGA European Tour, tuvo claro en 1992 el potencial que tenía entre manos cuando vio el terreno, y junto a Neil Coles se comenzó a perfilar el Stadium Course: diferentes Tees de salida y múltiples posiciones de bandera con el objetivo de albergar hasta una Ryder que no llegó, pero sí infinidad de torneos de gran envergadura y repercusión internacional.

Sería difícil decantarse por un hoyo con esta genial combinación de lagos, búnkeres, Tees y greenes, pero hay uno que destaca especialmente, el Hoyo 13 por la panorámica del macizo de Montseny. El Tour Course es más permisivo, con calles más amplias y hasta la colocación de los búnkers no penaliza en exceso. Los Par 5 son un gran reto y bien jugados un gran alivio. Mi recomendación, si eres un hándicap alto, es jugar primero el Stadium Course y luego el Tour, para que no pienses que se te ha olvidado jugar al golf. Si eres un hándicap bajo, el Tour te servirá de entrenamiento para enfrentarte a uno de los mejores recorridos del mundo.

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